domingo, 5 de diciembre de 2010

La Alquímia y el Número 42 en "Romeo y Julieta"

       La alquímia y el número 42 
en "Romeo y Julieta"  de  Shakespeare

Si el corazón la vía del amor no sigue, ¿qué hará? Si el alma no busca el reino del encuentro, ¿qué hará? Y en el momento en que el sol llegue al espejo, si el espejo no dice "soy el sol", ¿qué hará?
                                                                                                                  Abusaíd Abuljair

Shakespeare


Según algunos estudios biográficos sobre Shakespeare  hacen pensar que, además de su preocupación por la búsqueda de la perfección humana, estaba familiarizado con diversas doctrinas esotéricas, y otras meramente ocultistas, que tanto apasionaron a los escritores y dramaturgos de la época, así como a los aristócratas que les apoyaban, protegían y animaban, entre los que hay que incluir a dos sucesivos mecenas de los actores para los que Shakespeare escribió sus obras y con los que actuó. Es conocido que el Conde de Southampton estaba interesado en el Arte Regio y  que contemporáneamente circulaba la historia de que las bases del banco de Inglaterra estaban cimentadas en el oro que produjo Raimundo Lulio en la Torre de Londres para Eduardo II.
  No es necesario decir que la corriente principal del legado místico de la Edad Media era cristiana; pero hacia el final del siglo XVI esta corriente se había visto incrementada con otras muchas corrientes tributarias: pitagóricas, platónicas, cabalísticas, herméticas, iluministas, rosicrucianas, alquímicas. Al margen de algunas de estas corrientes tradicionales había ciencias como la astrología y la magia, y muchos espíritus quedaron cautivados e incluso monopolizados por cuestiones secundarias de esta clase.
Pero, esencialmente, las tradiciones no cristianas coincidían con el misticismo cristiano, a pesar de diferencias de terminología y perspectiva. Se ocupaban, en primer lugar, de los medios de purificar el alma de su naturaleza caída y, finalmente, del fruto de esta restauración del estado primordial, la reunión beatífica del alma con Dios.

Rosarium Mercurial

Shakespeare,  sabia muy bien que el resultado del matrimonio químico del azufre y el mercurio, o del "Rey y la Reina", el magnum Opus de los alquimistas, es el alma perfeccionada y resucitada, y que la obra alquímica es, así, una primera etapa indispensable del camino que conduce finalmente a la unión mística del alma perfecta con el Espíritu divino. Esta unión es, de hecho, el tema del poema alquímico de Shakespeare El Fénix y la Tórtola, como ha demostrado Paul Arnold en su  comentario sobre el esoterismo de Shakespeare,  poema que como vemos en esta estrofa da una nota profunda de la unión matrimonial precedida y condicionada por las pruebas y la catarsis.
"Así se amaron, siendo en amor dos
Más teniendo la esencia solo en uno;
Distintos dos, sin división alguna:
Enamorada cifra allí fue muerta.

  Gran poema metafísico, y obra oscura sin una interpretación unánime, presenta las exequias de una pareja fallecida: el amor (la tórtola) y la constancia (el Fénix). Al entierro acuden otras aves, como el cisne, que ejerce de sacerdote o el cuervo, de plañidero.
El amor que se profesaban era de tal calibre que “siendo dos en amor, sólo eran uno en esencia”. Y Shakespeare reflexiona, según su costumbre: “La razón del amor es que carece de razón”.

Sol y Luna

 Sobre el respecto a la crítica que dice que muchas de las obras de Shakespeare son demasiado teóricas para ser plena y "concretamente" mistéricas, podemos  decir como hace Martin Lings en su obra sobre el "Secreto de Shakespeare", que en el camino esotérico, el conocimiento doctrinal ha de ser adquirido por la mente antes de poder ser asirnilado existencialmente por el hombre como totalidad; y este proceso de desarrollo se refleja externamente en el orden cronológico de las obras. Una cosa es hacer uso de un conjunto de símbolos, y otra muy distinta es entrar en este simbolismo totalmente.

Marc Chagall, David y Betsabé

 El mundo antiguo y la Edad Media sostenían que todo ser humano tiene una correspondencia perfecta en otro ser humano del sexo opuesto. Pueden estar separados por el tiempo y el espacio, y puede ser que nunca se encuentren en esta vida, pero, si lo hacen, ninguna pasión terrenal corriente puede compararse con el amor que cada uno siente por el otro.  Esta teoría la encontramos en la narración del cabalista español J. Gicatilla titulada "David y Betshabé", en ella comenta que en la creación de las almas por Dios,  primeramente son creadas únicas y que posteriormente son divididas en dos y destinadas por separado a la tierra.  En este tratado relaciona el alma con una naranja que desgajada en dos debe, ya en la tierra, buscar su otra parte, su "media naranja", dependiendo ese encuentro de su comportamiento, y así  serán o no reunidas. 

David y Betsabé

     Estas consideraciones las hacemos condicionados por la idea de que todo símbolo verdadero debe ser perfecto en su clase, y por tanto podemos decir que cuando se usa el simbolismo del amor sexual, sólo un amor total y "absoluto" como éste es plenamente digno de representar la relación primordial entre el alma y el Espíritu, y está claro que Shakespeare no pensaba en algo menos que este amor cuando dibujó los caracteres , por ejemplo, de Otelo y Desdémona, y de Antonio y Cleopatra, y especialmente de Romeo y Julieta,  en la que  se nos hace sentir que hay algo cósmico y universal en la inmensa atracción mutua entre los amantes.  

Otelo y Desdémona

      En tres de sus tragedias, Romeo y Julieta, Otelo y Antonio y Cleopatra,Shakespeare combina el simbolismo del matrimonio con el simbolismo de la muerte. En ninguna de estas tres obras se ha completado realmente el matrimonio antes de la muerte. 

Romeo, Julieta y el Monje

     En Romeo y Julieta, como en Otelo, los amantes son de hecho marido y mujer, pero no pueden disfrutar juntos de paz y seguridad a este lado de la tumba. Romeo y Julieta se casan en secreto y, después de una noche juntos -pasada en el miedo a ser descubiertos- se separan. El nuevo nacimiento y la plenitud del matrimonio después de la muerte son sugeridos por el sueño de Romeo, que él nos cuenta justo antes de recibir la noticia de la muerte de Julieta:

Recuerdo que soñé que me había muerto
-¡extraño sueño, que concede a un muerto la facultad de pensar!- y que venía mi esposa e infundía con sus besos en mis labios
una vida tan potente y deliciosa que yo resucitaba y era emperador. (V,1)

La unión es sugerida, además, por el hecho de ser enterrados juntos en una tumba, lo mismo que Antonio y Cleopatra.
Una apreciación que hace M. Lings sobre la singularidad de la tragedia "Otelo, historia del Moro"  sobre las otras dos tragedias, está basada en que aquí se hace hincapié en que es la historia del hombre, Otelo y no la de su mujer.  El, como "Todo-hombre", representa el alma y ella, perfecta desde el principio y sin tener que pasar por ningún proceso de purificación, representa el Espíritu. 

Romeo ante Julieta durmiendo las 42 horas

Pero ¿puede decirse lo mismo, análogamente, de Romeo y Julieta? La cita siguiente puede ayudarnos a encontrar una respuesta, y no es tanto una digresión como podría parecer al principio:
"El casamiento del azufre y el mercurio, el Sol y la Luna, el Rey  y  la Reina, es el símbolo principal de la alquimia, y sólo por su significado puede diferenciarse debidamente ésta de la mística (...).
"Mientras la mística (...) afirma que el alma se alejó de Dios para entregarse al mundo y tiene que volver a unirse con él (...) la alquimia se funda en la idea de que, con la pérdida de la gracia original, del estado "adánico", el hombre se encuentra dividido interiormente y no recobra su integridad hasta que se reconcilian entre sí las dos fuerzas cuya discordia le ha debilitado. Por lo demás, la escisión interna del hombre, que podríamos llamar orgánica, es consecuencia de su alejamiento de Dios, del mismo modo que Adán y Eva no se percataron de sus diferencias hasta que pecaron y fueron arrojados al ciclo de procreación y muerte. En sentido inverso, la recuperación de la naturaleza completa del hombre, que la alquimia expresa con la imagen del andrógino hombre-mujer, es la condición previa, o también el fruto, según se mire, de la unión con Dios.

Hermes ante el Sol y la Luna

"El casamiento de las dos fuerzas psíquicas, masculina y femenina, conduce, finalmente, a las bodas del espíritu y el alma (...), esta última unión es afín al matrimonio místico. Así van sucediéndose los estados: la realización de la plenitud del alma conduce a la entrega del alma al espíritu y, por tanto, el significado de los símbolos alquímicos es también múltiple; Sol y Luna pueden representar las dos fuerzas psíquicas que llamamos azufre y mercurio, y al mismo tiempo son imágenes del espíritu y del alma.

Virgen "Vestida de Sol y con la Luna bajo sus pies"

"El símbolo del matrimonio se halla estrechamente unido al de la
muerte: según ciertas representaciones del "casamiento químico", el Rey  y
la Reina mueren en el momento de la boda y son enterrados juntos, para
resucitar luego rejuvenecidos.





Escultura de Julieta en Verona


Romeo y Julieta  presenta un simbolismo marcadamente alquímico, y eso lo podemos apoyar en que los dos amantes son, por decirlo así, transmutados en oro después de su muerte, pues el padre de Romeo dice: Erigiré una estatua de oro puro [a Julieta] y el padre de Julieta contesta:
Tan rica como la suya tendrá otra Romeo, junto a su esposa.





Casa de Julieta en Verona


   Asimismo, la rivalidad entre los dos poderes del alma parece adecuadamente representada por la enemistad existente entre las casas de Montesco y Capuleto, una enemistad que tras la muerte, al final se transforma en amistad.
 La simbólica transformación en oro de sus figuras tras su muerte es clave pues el oro metálico  representa sin duda alguna, un símbolo del Espíritu que cada uno de los amantes representa para el otro. En la ciencia astrológica la conjunción de las dos principales luminarias, el sol y la luna, en las cartas astrales de una pareja es signo que se  interpreta como ideal para hacer surgir la atracción y el amor. En esta obra se dice a propósito de esto que Romeo y Julieta tenían “las luminarias cambiadas”.

Número 42 en el "Pilar"

    Otro aspecto que interesa subrayar es el periodo de 42 horas que Julieta pasa de imaginaria muerte, tras beber la pócima que le prepara el fraile.
 Acto IV, escena I           
Se desarrolla en la celda de fray Lorenzo, en la que Julieta le pide ayuda para impedir su matrimonio con el conde Paris. Ante la decisión de morir antes de entregarse a otro, Fray Lorenzo le dice: "Si, por no unirte al Conde Paris, tienes fuerza de voluntad para matarte, seguramente podrás acometer algo afín a la muerte y evitar este oprobio, pues por él la muerte has afrontado. Si tú te atreves, yo te daré el remedio".  Julieta, mostrándose dispuesta a seguir los planes del fraile, por seguir siendo fiel a su amado, escucha las palabras de Fray Lorenzo que resumiendo le dice: "Entonces vete a casa,  di que te casarás con Paris. Mañana  por la noche procura dormir sola y cuando te hayas acostado, bébete el licor destilado de este frasco. Al punto recorrerá todas tus venas un humor frío y soñoliento; el pulso no podrá detenerlo y cesará; ni aliento ni calor darán fe de que vives. Y así quedarás  "cuarenta y dos horas"  como efigie pasajera de la muerte, para despertar como de un grato sueño".

             Este período de tiempo es extraordinariamente misterioso y mostraremos su  relación con unos símbolos que muestra la Basílica del Pilar en su ornamentación.   Nos referimos a los realizados en ladrillo, como en el estilo mudéjar,  y presentes en las paredes externas de los cimborrios  de las ocho cúpulas de las naves laterales. 

El "elixir" de inmortalidad en la alquimia china

                  Estos signos están formados por 6 líneas alternativamente continuas y discontínuas  son signos  de base matemática, representando los pares de opuestos-complementarios; uno-cero,  yang-yin, masculino-femenino, luz-sombra, etc.
                   Si asignamos, como ya lo hizo Leibniz, a  la raya continua el valor uno, y a la raya partida el valor cero, es decir si vemos en esta figura un número representado en sistema binario (101010), sistema de numeración implícito ya entre los antiguos chinos, veremos que representa al número 42.
   Este signo aparece en el I-Ching, el texto más antiguo de la  tradición Taoísta, y allí es el último de la serie de 64 hexagramas que se comentan.  Este hexagrama llamado Wei-chi, está formado por los dos trigramas axiales llamados «Li» y «K’an», y lo podemos ver sesenta y cuatro veces repetido en la Basílica.  Se puede decir que son los únicos vestigios de simbolismo taoísta en un templo occidental, símbolos con significado polisémico, esencialmente cosmológico y alquímico.
     Un símbolo siempre participa de la naturaleza de lo simbolizado, sin llegar a agotarlo. Pero el símbolo tiene su propio poder, que deriva de lo simbolizado, y adquiere una cualidad inherente que sigue siendo válida y eficaz incluso fuera del contexto original. A diferencia del signo convencional, el símbolo posee cierta universalidad.          Es desde esta perspectiva que no debemos extrañarnos de que aparezca en un templo occidental relativamente moderno, un símbolo oriental, de tan antiguo, legendario.

Texto egipcio del "Libro de los muertos"

     Como ya dijimos este hexagrama representa la unión del Cielo y la Tierra, el espíritu y la materia, el azufre y el plomo, el Sol y  la Luna, el fuego y el agua.
 El proceso alquímico total está representado por este Hexagrama,   pues la la unión del Trigrama Li y del Trigrama K'an, representa  la conjunción de los dos ingredientes con los que se prepara el Elixir.

  Es extraordinario que en la Basílica del Pilar, donde se venera esa columna que es símbolo entre otras cosas de centro y eje, confluyan tradiciones de todos los vientos, y que sean vinculadas por medio de este número 42. 
     En occidente en lo que se refiere a la alquímia, el número 42 lo encontramos comentado explicitamente en el  Æsch Mezareph,  tratado de alquímia que se conoce  a través de la traducción fragmentaria latina que se encuentra en la obra titulada Kabala Denudata de Knorr Rosenroth, publicada en Sulzbach en 1677-84. Estos volúmenes llevan como subtítulo "Las doctrinas trascendentales, Metafísicas y Teológicas de los Hebreos" y contienen una traducción latina, con parte del texto y comentarios hebreos del  Zohar, "El libro del Esplendor", el más famoso de todos los códices de la Cábala, escrito por el español Moisés de León.   En este tratado,  traducido como  «Fuego purificador», en el capítulo II, se comenta sobre el oro:  Y ahora con respecto al Nombre Zahab,( Zain =7; Hei =5; Bet =2; total 14)) te conduciré al interior de la Cueva de la Materia oculta y te mostraré los Tesoros de Salomón, mencionados en Nehemías, a saber, la Perfección de las Piedras, Exodo,(26,6). Y comentando sobre las diferentes fases de producción del oro comenta: « En segundo lugar, se convierte en Zahab Shacuth como si le hubieran matado y asesinado ya que muere y su cadáver se putrifica, y se vuelve negro; luego se le juzga y le gobiernan las Cortezas, y los poderes del nombre de 42 letras completan su tiempo en él.( El nombre de 42 letras es el hebreo del latino " Pater Deus, Filius Deus, Spiritius Sanctus Deus. Tres in uno, Unus in tribus")».







Árbol genealógico de J. da Fiore con los 42 antepasados de Jesucristo
 

 Retomando los comentarios sobre la obra Romeo y Julieta.  Podemos imaginar que tras este período de 42 horas, la presencia de sus cuerpos, transforman la cripta mortuoria en un cimborrio, la parte de una catedral que, según el simbolismo del templo cristiano y masónico, corresponde al Cielo y al Espíritu.   También para Romeo,  Julieta es el sol; ya en su primer encuentro, la mano de ella es un santo relicario, ella es una santay él un peregrino; y, al final, para Julieta, Romeo es el dios de suídolatría.
   Como hemos dicho ese número 42 está representado en la Basílica del Pilar en sus cimborrios, mediante unos signos ornamentales que  realizados en ladrillo a la forma mudéjar están formados por seis líneas alternativamente continuas y discontínuas.  Pertenecen a la antigua tradición  China y se atribuyen al emperador primordial  Fu-Xi, son signos  de base matemática binaria, representando los pares de opuestos-complementarios; uno-cero, ser-nada, yang-yin, masculino-femenino, luz-sombra, etc.

            Como vemos en el esquema, esta formado por seis líneas, alternativamente continuas y discontinuas. 


---------------------------         1
-------                    ----------         0
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-------                      ---------         0
---------------------------         1
-------                      ---------         0

             Si asignamos, como lo hacía Leibniz, a la raya continua el valor uno, y a la raya partida el valor cero, es decir si vemos en esta figura un número representado en sistema binario, sistema de numeración implícito ya entre los antiguos chinos, veremos que representa al número 42.


El uso del simbolismo, como el del matrimonio, suscita múltiples interpretaciones, es como si dejase libre a un pájaro para que vuele en una determinada dirección, pero sin poder limitar la extensión de su vuelo.
 De esta forma, independientemente de su intención, el matrimonio también simboliza necesariamente, por debajo de su sentido místico, la unión perfecta de los aspectos activo y pasivo del alma; y por encima de todo, más allá de la unión del alma y el Espíritu, el matrimonio es un símbolo de la inseparable unión de dos Cualidades o Aspectos complementarios de la propia Divinidad.

Yin y Yang, Sol y Luna

Precisaremos que  según todas las doctrinas cosmológicas y metafísicas, tanto orientales como occidentales, los fenómenos terrenales no son más que las sombras o los reflejos de las realidades espirituales. 
Así todo objeto de amor es símbolo de la Belleza divina del Espíritu y, por tanto, tiene el poder de evocar algo de esta Belleza. El "amor" entre Romeo y  Julieta es el que tiene, como símbolo, las alas más fuertes para los vuelos más altos.  Esta capacidad de vuelo que tiene el "amor" nos recuerda que a la "Mujer" del Apocalipsis se le dan dos alas de águila para volar al desierto, donde permanecerá durante 42 meses.
Beato de Liébana


Fragmento de la película del director Franco Zeffirelli, en ella se intentó seguir al pié de la letra el texto de Shakespeare. Su deseo de respetar incluso la edad de sus protagonistas le llevó a utilizar a los actores de 17 y 15 años de edad, Leonard Whiting y Olivia Hussey.  


http://www.youtube.com/watch?v=kWj80IX8bUU
Video con extracto de la película de Zeffirelli 

1 comentario:

alman dijo...

Hola amigo:

He de informarte de que he incluído un enlace a este magnífico artículo en el blog de iberaldea, justo al final del artículo que sobre Romeo y Julieta publiqué hace unos días.

Este es el texto:

"En la tramoya de la bella historia de amor se oculta un mensaje a salvaguarda de inquisidores de Edad Oscura, celosos en su empeño de mandar a la hoguera a quien a diablo oliera o el fuego de los infiernos aventara. Misterios de la Alquimia, misterios de la Liberación Mistica. Si algo más quieres saber, este blog has de leer."