domingo, 17 de enero de 2010

Los Cuernos y las Coronas

LOS CUERNOS DE MOISÉS



Entre los celtas existía un dios llamado Belen idéntico a Ablun o Aplude. Este correspondía al Apóllôn Karneîos de los hiperbóreos, siendo convertido en Apollôn (Apolo) entre los griegos. Quisiera formular algunas consideraciones concernientes al nombre Karneîos, así como al de Krónos (Cronos), con el cual está en estrecha relación, ya que ambos nombres tienen la misma raíz KRN, que expresa esencialmente las ideas de “elevación” y potencia”. Por tanto la etimología del nombre podría relacionarse con el significado de ‘astado’. También podría tener una relación con el antiguo demonio indio Kroni.



El sentido de “elevación” derivado etimológicamente del nombre Krónos conviene a Saturno, que corresponde a la más elevada de las esferas planetarias, el “séptimo cielo” o el Satya-Loka ( Lugar de los Sabios) de la tradición hindú. Este planeta gobernaba la “edad de oro”, es decir, del Satya-Yuga o primera fase del Manvántara.
El Capitolio, el otrora corazón de Roma y luego corazón del Imperio romano, fue llamado Saturnius Mons porque al pie de la colina se estableció Saturno, a quien habrían construido un altar, antes de la guerra de Troya, en el lugar donde más tarde se levantó su templo. La tradición refiere la existencia sobre el Capitolio de una ciudad de Saturno llamada Larissa Capitolina. Se recordaba la existencia en Roma y en el Lacio de una antiquísima “estirpe saturnia”, de los tiempos del rey Jano, que vive según las costumbres de la Edad de Oro.



 El mito narra que Saturno, al final de su reinado, desapareció repentinamente bajo tierra . No se trata de “muerte” sino de latencia, de un poder que se retira misteriosamente a lo invisible pero que sigue existiendo, invisible y oculto, como germen de posibilidades futuras. Es significativo el hecho de que la tradición romana coloque la “Tumba de Saturno” en las entrañas del Capitolio, o sea del monte que le habían consagrado. Saturno es Soberano de los orígenes e hipóstasis divina: “del etéreo Olimpo Saturno fue el primero en descender” . El mito romano muestra claramente la conciencia de que la tradición romana nace en el Centro primordial y hace asumir a Roma el papel de Centro derivado de él para la custodia y transmisión de aquella Sabiduría en el ciclo que con Roma se inaugura. En el Capitolio, consagrado a Saturno y por lo menos desde el siglo VI a Júpiter, se celebraba el rito augural con el que el poder, o auctoritas. descendía sobre el rey-sacerdote. El nombre del dios parece haber sido, en tiempos arcaicos, Sateurnus y los Romanos lo interpretaban generalmente como derivado de satus: la acción de sembrar . Satur, por otra parte, significa “saciado”, “abundante”, “fértil”de ahí la palabra “saturado”. De esta manera, Saturno tiene conexión con la “semilla” y con el misterio de la germinación en el regazo de la tierra. Esta interpretación ha de entenderse en sentido no exclusivamente material sino metafísico. Saturno está asociado en el mito a Jano, dios de los “tránsitos” de las “puertas” y dios de la enseñanza oculta, de la “Urbe Arcana” donde los Misterios de la Edad de Oro, las “semillas” de la Æternitas de Roma, están custodiados, junto con los pignora imperii, bajo la tutela del Genio de la Urbe.



 Saturno, como el “Pilar”, se presenta, entonces, como símbolo del Ser, quieto y oculto tras el torbellino del devenir. La raíz del nombre Saturnus es idéntica a la que en sánscrito indica la plenitud del “ser”, la perfección interior: sat. Sat es, en la India, el atributo del Señor Supremo entendido como “aquél que es”, fuente autoexistente, Vida no agotada e inagotable y Satya yuga es la Edad de Oro, de la plenitud del Ser. De esta manera, el nombre mismo de Saturno parece remontarse al patrimonio de un común léxico sacro indoeuropeo. El ocultamiento de la sabiduría “saturnal” y de la estirpe “saturnal” alude, pues, a una decadencia que prosigue su marcha, la edad oscura, pero al mismo tiempo preanuncia el misterio de la renovatio que tendrá por centro la Roma renovata de la que deberá partir el impulso vital para el regreso a los aurea sæcula.



Entre los pueblos indoeuropeos, Karneîos es el dios del Karn, es decir, del “alto lugar” que simboliza la Montaña sagrada del Polo, y que entre los celtas estaba representado por el cairn, o montón de piedras que ha conservado aquel nombre. La piedra, por lo demás, está a menudo en relación directa con el culto de Apolo, como se advierte en particular por el Ómphalos de Delfos.



La relación entre el “Pilar” y el templo de Artemisa de Éfeso, que en algún lugar he comentado, nos dispone a recordar que Artemisa es hermana de Apolo. Este dios, al que se suele representar sentado sobre el “Omphalos” de Delfos, nos hace reflexionar, o mejor nos señala con sus flechas, que apuntemos a la diana de su nombre, Apolo. En la etimología de su nombre encontraremos algo del principio esencial que representa, pues se puede interpretar “A” como partícula negativa y “poli” mucho. De tal forma que es el dios que lleva a la unidad por remisión de la pluralidad.
Esta función de “unificador”, corresponde de manera eminente a la Virgen, pues es llamada “conciliadora de los contrarios”. 



También a Jesucristo, que sentado en los brazos de la Virgen del Pilar, se le canta en la Antífona de Visperas del día 22 Adviento:« Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra».
En efecto, el significado fundamental de este hecho, es que en realidad todo está contenido en el centro, y en este caso el centro es el Pilar que como emblema del “Principio de inmovilidad,” nos coloca en un punto de vista desde el que encontramos en él, de algún modo y como “arquetipo”, si cabe expresarse así, todo cuanto se encuentra en el conjunto del Universo.



En relación a la corona de la Virgen del Pilar, así está escrito en el capítulo 12 del Apocalipsis: “una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”.


El emblema de estas doce estrellas parece que tiene que ver en la bandera de la “Unión Europea”, pues según se dice: Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gásperi rezaron juntos en la catedral de Estrasburgo ante la imagen de la Virgen Inmaculada. Nuestra Señora, coronada de doce estrellas, está representada en una de sus vidrieras. Esta oración la realizaron justo antes de defender el proyecto de Tratado de la Comunidad ante el Consejo de Europa. Tratado que fue aprobado el 8 de diciembre de 1955, festividad de la Inmaculada Concepción”.




Retornando al objetivo inicial que era analizar el nombre mismo de “cuerno”. Podemos observar que está manifiestamente vinculado a la raíz KRN, lo mismo que el de la “corona”, que es otra expresión simbólica de las mismas ideas, pues esas dos palabras (en latín cornu y corona) están muy próximas entre sí. Es conocido que la corona es la insignia del poder y la señal de una jerarquía elevada, también encontramos una relación con los cuernos en el hecho de que éstos también están situados en la cabeza, parte del cuerpo que representa la idea de una “sumidad”. 



Empero, hay algo más: la corona era primitivamente un aro ornado de puntas en forma de rayos; y los cuernos, análogamente, se consideran como figuración de los rayos luminosos, como vemos en la representación de Moisés basada en el texto de Exodus 34:29-30. El describe a Moisés descendiendo del Monte Sinaí, con el rostro “emitiendo rayos de luz”.



 La palabra hebrea “qaran” como verbo equivale a “emitiendo rayos de luz” pero como sustantivo significa “cuerno”. De tal manera la Biblia Latina describía, adecuadamente simbolizado, el resplandeciente rostro de Moisés como “quod cornuta esset facies sua”.

En el Gráfico anterior añado diversas representaciones de Moisés en las que aparece con sus “cuernos”.
Los rayos luminosos son adecuados como atributo de la potencia, ya sea, según los casos, sacerdotal o real, es decir, espiritual o temporal, pues la designan como una emanación o una delegación de la fuente. misma de la luz, según en efecto lo es cuando es legítima.



Podrían darse múltiples ejemplos, de proveniencia muy diversa, de cuernos empleados como símbolos de potencia; particularmente, se los encuentra así en la Biblia, y más en especial aún en el Apocalipsis, donde en este texto se extiende a cualquier potencia que fuere, sea maléfica o benéfica.



En el texto se encuentran los cuernos del Cordero, pero también los de la Bestia. Como en la tradición hebrea el cuerno (shofar) es utilizado para convocar entre otras cosas a las asambleas.



Este significado simbólico del cuerno, que representa el poder de convocatoria, permite una interpretación del carácter maléfico que tiene los medios de comunicación como “los cuernos de la Bestia”.
Para terminar señalamos como ya hizo René Guenon la vinculación de los cuernos y las coronas, pero en el orden vegetal con las espinas. La corona de espinas de Cristo de la que, se dice, eran de acacia, se aproxima así, a la corona de rayos luminosos.



Recordemos también que Ammón mismo era denominado “Señor del doble cuerno” (Libro de los Muertos, cap. CLXV). Y que Alejandro Magno es posible que haya llevado un casco ornado de dos cuernos. El Corán refiere que Alejandro Magno, que en el mundo árabe era conocido como Iskandar o Dhu al-qarnayn (“el de los dos cuernos”), fue uno de los héroes sobre los que más se escribió en la literatura árabe, persa y turca–, acompañado por Khidr, “el verde”, fue a buscar la Fuente de la Vida en el País de las Tinieblas (sura 18, versículos 59-81).



Parece ser que la palabra griega Keraunós, que designa el ‘rayo’, parece derivar también de la misma raíz; observemos a este respecto que el rayo hiere habitualmente las sumidades, los lugares o los objetos elevados; y hay que tener en cuenta también la analogía del relámpago con los rayos luminosos.



Otra aspecto sobre el que querría fijar la mirada es sobre el emblema de la corona que aparece en el Pilar sobre el nombre de María, pues en la tradición hebrea, Kéter, la ‘Corona’, ocupa la sumidad del árbol sefirótico.



En otros escritos que he realizado, he intentado hacer aproximaciones entre la tradición oriental, especialmente la taoísta, y la occidental. La tradición occidental, creo, está genuinamente representada por la católica. La tradición católica es heredera de la hebrea, y en esta me ha parecido encontrar un paralelismo especial entre sus dos fundadores, me refiero al ya tratado Moisés y a Fu-Xi.





Ahora simplemente haré una exposición gráfica de sus atributos más característicos, que acabamos de tratar, me refiero a sus cuernos. Más adelante escribiré sobre estas aproximaciones que relacionan diferentes fundadores con los mismos atributos.